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Archivo Confidencial

Pepe Meade, lo malo

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PUDE OBSERVAR EL inicio de campaña de Meade con el pueblo de los chamulas donde le otorgaron el bastón de mando. Es un acto simbólico, muy a la usanza del antiguo PRI y si algo tiene ese partido es que es la mejor escuela para crear oradores. Pero, bueno.

Lo escuché hablar, dirigirse ante esa multitud y la mera verdad, yo lo sentí muy verde. Su discurso no es para arrastrar multitudes, al contrario, lo ví un poco cohibido, y es lógico, no sabe gritar. Ser más emotivo, por lo menos de momento.

Requiere un curso rápido de gran oratoria y cambiar a sus hacedores de discursos por otros más flemáticos, que enciendan a las multitudes. Y es que en esto de verdaderos discursos incendiarios se requiere más pasión que razón.

La razón se utiliza en el enfrentamiento cara a cara en caso de debates o bien, para responder a preguntas de periodistas y se espolvorean las respuestas con un poco de pasión.

En el caso de los discursos a multitudes, se emplea más pasión y la espolvoreada es con un tanto de razón.

Creo que Meade o sus asesores tienen que leer a Gustav Lebon y su libro “Sicología de las masas” escrito en 1887, para darse una idea de cómo actúan las multitudes y el tipo de discurso que debe ofrecer.

Claro que Meade nunca antes había sido candidato, y por ello de alguna manera se comprende, pero no se justifica.

Cada uno de los que han sido candidatos a la presidencia han contado con un perfil, un estilo que los distingue y en Meade no lo veo, vaya hasta el inocuo de Zedillo vivió su momentum.

Otro detalle que observo en Meade es que debe hacerse más terrenal, más alcanzable. Vaya, saber que come tacos o que de improviso se subió a un camión y sepa a que huelen, que se respira en las colonias o bien,  cosas inesperadas que nos sorprendan gratamente.

Las crónicas o notas periodísticas sobre los eventos políticos, ya nadie las lee. Sirven para rellenar el espacio en medios, pero no deja gran cosa. ¿Qué puede decir diferente?

¿O ni modo que vaya a comprometerse a que no subirá la gasolina en lo que resta del sexenio?, pues no, no depende de él, ¿o sí?

El hecho es que a la gente, a la que todos días se levanta para irse a la chamba, le interesa que su candidato no demuestre que es un chingón porque eso le quita la sensibilidad necesaria para crear empatía. Sabemos de la capacidad de Meade, pero eso pega en el círculo rojo, no en el verde al cual debe ir dirigida su campaña.

Y es que, a lo mejor no lo sabe, pero en el caso de Sonora nos enfada y nos cae mal la gente creída aunque tenga los atributos para serlo.  Pero no lo digas, no lo demuestres. Y no se trata de minimizar ese hecho, sino más bien que para todo tipo de público debe haber un Meade diferente.

La raza, aquella que aun anda a las carreras en la compra de los juguetes para el Santo Clós, va a voltear a verlo y hasta hará viral su presencia en Sonora si de casualidad lo vemos comprando una corbata en el Walmart y sin guaruras.

O bien, que cuando hable y se dirija a una multitud, demuestre ante todo humildad y educación. Ha habido cada candidato que cae mal por irrespetuosos, por faltos de los modales básicos, que no saben para que se utiliza un gracias o un por favor que es el lenguaje que muchas familias intentamos poner en la boca de nuestros hijos al momento de comer. Hay aún quienes saludan de mano y luego utilizan a escondidas –y como si la gente no los viera–, desinfectante líquido al estilo Josefina Vázquez Mota.

Ojalá y mencione a Dios, eso le pegó y bien al Maloro y si los gringos lo hacen, no veo porqué él no pueda hacerlo.

Y si piensa que este será un evento del PRI, de entrada podemos asegurar que todos los ojos estarán en él vía redes sociales y esa primera impresión va a contar mucho.

No le hemos visto reír, sentirse alegre, lo vemos estresado –y claro que tiene sus razones–, pero son cosas que no se deben de reflejar al exterior.

Claro está, la contienda apenas empieza y tendrá que forjar a hachazos y con prisas, su figura vendible que deberá llevar hasta el primero de julio.

Otro punto es que debe mostrar templanza. Los estudiosos del marketing político mencionan que ningún candidato debe alterar su carácter, no mostrarse enojado sino ecuánime, no mostrarse nervioso sino estatutario, no mostrarse sensible y llorar, sino ceñir la mirada y seguir adelante… pues eso señores, ya no funciona.

La gente quiere candidatos de carne y hueso. Nuestra gobernadora, ante dos situaciones de madres cuyos hijos morían, durante su campaña, no aguantó y lloró aunque poco se supo y aprovechó de esos detalles, pero eso demuestra su sensibilidad que va más allá de lo que los politólogos llaman “animal político”.

Y Meade debe dejar de lado algunas cosas y dejarse llevar por los sentimientos que alberga el pueblo en momentos de campaña. Debe sentir la pobreza, la frustración que se sufre ante la falta de oportunidades, empatar con la cultura de esa dejadez que no nos deja avanzar y encontrar con sus palabras la cuadratura al círculo para que, quien lo escuche, sienta empatía por él.

En el caso de Andrés Manuel y hablo de Sonora, el morenista ya perdió la sensibilidad de hace tantos años atrás, se siente muy seguro y por ejemplo, en sus últimas visitas a Sonora, perdió lo terrenal que tenía. No lo vemos siendo humano natural por más que lo ha intentado a través de sus diferentes productos mercadológicos que ha manejado.

EN FIN. Ya veremos su actuar este jueves. Y el viernes publicaré lo que me gusta de Pepe Meade, para igualar marcadores antes de irnos de vacaciones. Por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 30 años de experiencia en medios escritos y de Internet, cuenta con posgrado en Administración Pública y Privada.